
Los Sacramentos
Un pintor, muy acertadamente, dibujó a Jesús en la cruz con siete manantiales de sangre que brotan de su costado. Por su muerte en la cruz, Jesús abre para nosotros siete fuentes de Gracia -Los siete Sacramentos-, a través de las cuales nos ayuda a crecer espiritualmente. Por eso Jesús para nosotros es nuestro Gran Sacramento.
Se ha definido el Sacramento como “un signo sensible, instituido por Jesús, por medio del cual se simboliza y se produce la comunicación de la Gracia”. Después de Pentecostés, no se reporta en el Nuevo Testamento ninguna expresión de los Apóstoles en la que lamentaran la ausencia de Jesús. Ellos recordaban perfectamente que Jesús les había dicho: “No los dejaré huérfanos”. Se sentían acompañados de Jesús en todo momento: El les había asegurado:
— Mt 28,20
En tiempo del evangelista San Juan, algunos comenzaban a “echar de menos” la presencia física de Jesús. Juan, en su evangelio, recordó a propósito que en la Ultima Cena, Jesús les había advertido: “Es mejor que yo me vaya…” ; “no los dejaré huérfanos”…; “les enviaré al Consolador: El estará siempre en ustedes” (Jn 16, 7-14).
Por eso nosotros en cada sacramento volvemos a experimentar presente a Jesús en medio de la comunidad, ya que la Iglesia -la comunidad- es el lugar escogido por Jesús para “manifestarse” más claramente:
— Mt 18,20
Siete manantiales
En el Bautismo, el individuo es “hundido” en los méritos de Jesús, y muere al hombre puramente carnal para resucitar siendo un hombre espiritual.
En la Confirmación, el cristiano recibe el Espíritu de Jesús y es equipado para ser su testigo en el mundo.
En el sacramento de la Reconciliación, volvemos a sentir a Jesús, que a través de sus representantes -los sacerdotes- nos vuelve a decir como al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”; o como a la mujer adúltera: “Vete y no vuelvas a pecar”.
En la Eucaristía, somos invitados a la Cena del Señor para recordar y actualizar la muerte y resurrección del Señor. Por eso San Pablo escribe:
— 1Co 11,26
En la Unción de los enfermos, es Jesús -buen samaritano-, representado por el presbítero, que llega junto al que se encuentra caído y doblado por el dolor y la enfermedad.
En el sacramento del Matrimonio, es Jesús quien vuelve a citar las palabras del Génesis:
— Gn 2,24
Es el mismo Jesús que ratifica el mutuo consentimiento de los novios, y repite: “Que no separe el hombre lo que Dios ha unido” (Mt 19,6).
En el Orden Sacerdotal, es Jesús que, de entre el gran número de discípulos, vuelve a llamar a unos individuos para enviarlos de “manera especial”, para trabajar por la difusión de su reino. A ellos les vuelve a repetir:
— Mt 28, 19-20
Signos para leer
A los milagros de Jesús, los evangelistas los llamaban “signos”; a través de ellos Jesús quería “mostrar” algo. En los Sacramentos, Jesús continúa actuando. A los Sacramentos los llamamos “signos eficaces de la Gracia” porque en ellos Jesús continúa comunicándonos su Gracia.
El agua, que nos cubre en el Bautismo, señala nuestro hundimiento en la muerte de Jesús para poder participar de su resurrección.
En la Confirmación, nos ungen en la frente con el santo óleo para que nos avergoncemos de ser testigos de nuestro Señor Jesucristo, y para fortalecernos en la lucha espiritual.
En la Reconciliación, hay una mano levantada -la mano de Jesús- que expulsa al espíritu maligno y rompe las ataduras del mal.
En la Eucaristía, ya no hay una multiplicación del pan, sino la conversión del pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesús. En las Bodas de Caná el agua se convirtió en vino: en la Santa Misa, el pan de harina se convierte en el Pan de Vida.
En la Unción de los Enfermos, el cristiano, agobiado por su enfermedad, es ungido con aceite -medicina de la antigüedad- para que sea curado física o espiritualmente.
En la ceremonia del Matrimonio, se presentan un hombre y una mujer, y, al unir sus manos, ya no son dos, sino “una sola carne”; Dios los “ha unido y el hombre no los puede separar”.
En el rito de la Ordenación Sacerdotal, el obispo -sucesor de los Apóstoles- unge con óleo santo las manos del presbítero para que queden consagradas para servir totalmente a Dios y a la comunidad. También le entrega la Biblia y el Cáliz: su misión será proclamar la Palabra y ofrecer el sacrificio de la Santa Misa.
Autor

Músico y predicador católico de El Salvador. Diplomado en Teología Pastoral. Estudios musicales: Centro Nacional de Artes de El Salvador (CENAR). Mi pasión es evangelizar. 1 Cor 9, 16
